La
idea de la salvación por la fe es tal vez la metamorfosis más
grandilocuente del adagio: “todo depende del cristal con que se
mira”. Básicamente
implica que la tierra es el Edén, y que la presencia de
fe en una persona determina si está en el cielo o el infierno.
Ya
lo había expresado Juan Pablo II en Audiencias de julio del 99
(Benedicto XVI rechazó esta idea, porque la Iglesia, a veces, pone un nuevo Papa para arrepentirse del anterior, como hace la
RAE con sus diccionarios). Cito a continuación dos fragmentos al
respecto:
En
el marco de la Revelación sabemos que el «cielo» o la
«bienaventuranza» en la que nos encontraremos no es una
abstracción, ni tampoco un lugar físico entre las nubes, sino una
relación viva y personal con la santísima Trinidad. Es el encuentro
con el Padre, que se realiza en Cristo resucitado gracias a la
comunión del Espíritu Santo. (Audiencia
del 21 de Julio 1999)
Y
agregó también:
El
infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a
encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial
de vida y alegría. (Audiencia
del 28 de Julio 1999)
*
Más
de un escritor se adelantó a esta revelación papal. Dante, que hizo
del infierno un lugar físico, definió tal sitio como uno al cual dios no llega, recuerdo algunas frases que lo daban a entender, no voy a leer toda la Comedia sólo para
buscarlas, pero el concepto es evidente si consideramos que ahí también está aquella buena gente que nació antes del
cristianismo. Esta gente (Aristóteles, Platón, Cesar, Homero,
Averroes...) no está siendo castigada, puesto que no hicieron mal,
están en el infierno simplemente porque no conocieron a dios.
La
misma idea se repite en el Fausto de Marlowe, aunque en su obra el
infierno ya no necesita un lugar físico. Cuando Fausto pregunta a
Mefistófeles cómo ha salido del infierno para presentarse ante él,
el diablo le contesta:
No
he salido de él, porque esto es el infierno. ¿Piensas tú que yo,
que vi la faz de Dios y gusté las eternas alegrías de los cielos,
no estoy atormentado con diez mil infiernos al ser privado de aquella
dicha perpetua?
Una
idea inversa se presenta en El paraíso perdido de Milton, donde el
infierno no es la ausencia de Dios, sino la presencia de Lucifer, ya
que él dice "the way where I fly is the
Hell; myself, I am the Hell".
En
cuanto a la idea de que el Edén es la tierra misma, Kafka dejó un
texto sumamente claro en sus Consideraciones acerca del pecado, el dolor la esperanza y el camino verdadero:
La
expulsión del Edén es, en lo esencial, un hecho permanente. Quiero
decir que la expulsión del Edén es definitiva, pero la eternidad
del suceso, (o por decirlo en palabras temporales: la eterna
repetición del suceso) hace posible no sólo el poder permanecer
para siempre en el Edén, sino el quedarnos efectivamente y siempre,
se advierta o no se advierta, en esta tierra.
Ahora,
si estamos siempre en el Edén y dios es omnipresente, la vida misma
debiera ser el paraíso, pero no conozco mucha gente (excepto ciertos
políticos) que lo vean así. La explicación la da la Biblia: quien
crea en mí está salvo, dice Jesús. Esa es la simple diferencia. El
dolor de la vida no sería dolor si tuviéramos fe en él. Kafka lo explica
en el libro ya citado:
El
dolor es dolor solamente en esta tierra. No en el sentido de que
quienes sufren en este mundo deban ser exaltados en otra parte en
premio de sus penas, sino en el sentido de lo que en esta vida se
llama dolor, en otra, aun permaneciendo inmutable y libertado
solamente de su contrario, se transforme en beatitud.
Del
mismo modo los placeres son el infierno si se carece de fe, como
expresa Leon Bloy en un texto que a Borges le fascinaba citar.
Aterradora
idea de Juana, acerca del texto Per speculum in Aenigmate: los goces
de este mundo serían los tormentos del infierno, vistos al revés,
como en un espejo.
Así pues, sólo la fe en dios determina que la vida sea o no celestial. El hambre, la guerra, la violencia que sufrimos, si tenemos fe, no puede darnos más que gozo, del mismo modo que el sexo, el arte y la pizza son castigos si no tenemos fe. Ciertamente, si el cristianismo está en lo cierto y las cosas son así, el infierno es un lugar encantador.
Así pues, sólo la fe en dios determina que la vida sea o no celestial. El hambre, la guerra, la violencia que sufrimos, si tenemos fe, no puede darnos más que gozo, del mismo modo que el sexo, el arte y la pizza son castigos si no tenemos fe. Ciertamente, si el cristianismo está en lo cierto y las cosas son así, el infierno es un lugar encantador.
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