El marxismo es una
ideología tan segura de sí misma, que al leer que Marx anota una
duda, no se puede sino prestar suma atención. En este caso es una
duda que surge al final de la Introducción a 1857 y el texto es el
siguiente:
La dificultad
es que [el arte griego y su épica] todavía nos proporcionan goce artístico y
que son en cierta forma válidos como norma y modelo inalcanzable.
La duda se
desprende de su teoría según la cual toda actividad humana está
ligada a determinada forma de desarrollo social, por consiguiente lo
que es útil en cierto estadio de desarrollo debería desecharse
cuando este se supera, sin embargo, el arte permanece.
Esta cuestión no
hizo sino extender otra que me persiguió (y a muchos otros) durante
varios años, y que poco a poco la vida y las lecturas
fueron aclarando: ¿Que es el arte?
*
Para empezar a hablar de arte es
conveniente recordar la evolución histórica del término. “Artes”,
desde el mundo helénico hasta la edad media, eran todas las
actividades para las cuales fueran necesarias ciertas destrezas y
ciertos conocimientos metodológicos. Esta definición englobaba una
amplia variedad de actividades, desde la zapatería hasta la
escultura, pasando por los deportes, las ciencias y la música. La
poesía, al no tener método, no fue considerada un arte durante
siglos. Es más, los clásicos profesaban que el poeta era inspirado
por las musas, él no era sino un medio por el que ellas se
expresaban, por lo que podemos dudar de que sea una actividad humana
propiamente dicha.
Este concepto cambió sólo en el
Renacimiento. Con la exaltación de la belleza, los pintores,
escultores, arquitectos, etc, fueron más valorados (incluso
económicamente, lo que, vale acotar, inició la especulación en el
arte) que los zapateros y alfareros, y se produjo la escisión entre
artes mayores o bellas y artes menores. La ciencia, por su parte, se
volvió una actividad separada y con el tiempo, las bellas artes
pasaron a ser simplemente “artes” y la belleza se convirtió en
su característica definitoria, dejando de lado la necesidad de
destrezas y reglas.
*
Con el tiempo, fue ensanchándose el
significado de Belleza, de tal modo que incluso lo horrible llegó a
ser bello, como podemos constatar ya desde el barroco o incluso el
manierismo, puesto que no podemos considerar bello al autorretrato de
Miguelángel como un saco de huesos en El juicio final, por ejemplo
y, sin embargo, nadie dudará de su cualidad artística.
Quizá la mejor definición de la
belleza fue la acuñada por Rilke en sus Elegías de Duino.
[...]
Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos.
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos.
Puesto que todo
inicio es un final y el punto de encuentro de ambos es una frontera,
la belleza,“el principio de lo terrible”, debía ser esa
frontera.
Al ser una
actividad humana, el arte no puede ser una frontera natural, como un
río o una montaña, sino una muralla. Como en los castillos
feudales, el arte-muralla divide la normalidad de lo terrible. La
belleza nos protege de lo terrible, pero también nos recuerda que
existe, puesto que -como las murallas-, ¿Para qué estarían si no
hubiera una amenaza?
De esto puede
derivarse que el arte “menos bello” es aquel en que la frontera
es más fina, podemos ver lo terrible asomándonos sobre ella o a
través de sus fisuras, escuchamos como arañan desde el otro lado.
Esto parece
sumamente cercano a lo que Poe anota en su Filosofía de la
composición:
En
consecuencia, considerando lo bello como mi terreno propio, me
pregunté entonces: ¿Cuál es el tono para su manifestación más
alta? Este debía ser el tono de mi siguiente meditación. Ahora
bien, toda la experiencia humana coincide en que ese tono es el de la
tristeza.
Esto es
particularmente llamativo si pensamos que muchas veces, en mi caso y
en el de algunos conocidos, a medida que vamos conociendo las
producciones más cercanas a los terrible, más deseamos que la
frontera sea más delgada, casi deseamos que no exista y llegamos a
desdeñar los grandes muros ornamentados, seguros y confiables.
Cuando conocemos a Francis Bacon, Caravaggio parece hasta remilgado,
cuando leemos Todesfuge dejamos las rimas de Bécquer para los
cuadernos de colegialas y nunca me gustó menos Shakespeare que luego
de leer a Artaud.
Pero, ¿Qué es lo
terrible? ¿Por qué nos atrae?
*
Los surrealistas,
al realizar sus experiencias de disminución del control consciente
sobre las actividades verbales y plásticas, encontraron (ellos y el
público) que el producto era de algún modo artístico y que mientras el control consiente disminuía más perturbadoramente
bellos eran los resultados.
Al asumir que
estos resultados no son posibles cuando se es consciente de la
acción, puesto que la moral y las buenas costumbres insertadas en
nuestra consciencia censuran, reprimen nuestros actos, estamos
ciertamente asumiendo que el arte, en tanto acto humano
perturbadoramente bello, proviene del inconsciente.
Esto ciertamente
parece coincidir con el hecho de que las obras más terribles de la
historia del arte son aquellas que se realizaron en tiempos breves o
en estados de extremo agotamiento o delirio (el mencionado Juicio
final de Miguelángel, las visiones del Bosco, las novelas de Víctor
Hugo). El consciente en tales casos no tuvo tiempo o no pudo
reaccionar para censurar los impulsos subconscientes de los que
provenían tales obras. Por otra parte esto explicaría por qué la
poesía fue la primera de las formas artísticas en ser considerada
de inspiración sobrehumana, ya que la factura de un poema es
extremadamente rápida en comparación con la factura de una estatua.
Si aceptamos todo
esto, la respuesta a la cuestión de Marx sería que lo que nos
conmueve no es la obra de arte (griega o de cualquier época y
procedencia), sino lo que oculta la obra, el impulso inconsciente que
fue frenado por la forma, por la belleza.
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