miércoles, 7 de mayo de 2014

El psicoanálisis


Antes de terminar La interpretación de los sueños ya estaba convencido de que el psicoanálisis no era más que de una suerte de ejercicio semiológico consistente en reducir cualquier texto a ciertas palabras clave y a partir de las mismas generar diagnósticos. Pero antes de continuar, quiero recordar una anécdota.

Me sucedió alguna vez, al ver que un número se repetía constantemente en mi rutina, que me sentí perseguido por él y pronto intentaba relacionarlo con todos los números y cantidades y siempre encontraba un modo de hacerlo. Luego encontré ese tema en un par de películas (23, de Schumacher y π de Aronofsky), así que supongo que el mío no fue un caso aislado, ni tan dramático, ya que a las dos semanas decidí demostrarme a mí mismo que cualquier cifra podía reducirse a otra y simplemente llené un cuaderno de cincuenta hojas con cálculos que llevaban de un número cualquiera a otro.

Por dar un ejemplo, tomemos el 0800-11-33-22, número de atención al cliente de un banco, y llevémoslo a relacionarlo con números simples.

Sumando los grupos tenemos 8, 2, 6 y 4 y sumando de a pares quedan 10 y 10, que divididos entre sí dan 1. Sumando cada cifra tenemos 20 y sumando de vuelta, 2. Si dividimos el producto de los dos primeros grupos por el de los dos segundos, tenemos 12,121212... es decir, un periodo infinito de 12 y 1 + 2 = 3, y tenemos el 3. Para el 4, restamos del producto del primer y el segundo grupo (26400) el del segundo y cuarto (242), tenemos 26158, sumamos de vuelta cada cifra y listo. Si consideramos que hay 5 pares de números, tenemos al 5 (y podemos decir también que en la cifra total hay cinco redonditos: los que forman cada uno de los tres ceros y los dos que están en el ocho). Si multiplicamos todos los grupos tenemos 6388800, sumamos estos números y obtenemos 33, sumamos de vuelta y tenemos 6. Si consideramos que hay 7 números distintos al 0, tenemos al 7. Y podemos seguir así para todos los números.

Nótese además que hasta este punto no hicimos más que utilizar las operaciones básicas: suma, resta, multiplicación y división. Pues bien, con el lenguaje ocurre exactamente lo mismo: cualquier palabra puede relacionarse con cualquier otra.

No creo necesario citar los ejemplos en los que Freud explica que cuando subimos escaleras, nos limamos las uñas o nos caemos en sueños, en verdad estamos pensando en sexo, espero que baste con resumir su explicación: subir escaleras nos agita porque tener sexo nos agita; el movimiento de la lima cuando la usamos es como el de la masturbación; caer es caer en la tentación.

Esas mismas situaciones, sin mayor esfuerzo, podrían relacionarse con las margaritas: sueño con escaleras, porque subir cada escalón es como desojar cada pétalo de una margarita; me limo las uñas, porque “lima” rima con margarita; caigo porque las margaritas suelen estar en la tierra.

O, por ejemplo, con las motos: subo escaleras porque el movimiento de las piernas al hacerlo es similar al de las motos al arrancar; me limo las uñas porque el movimiento se parece al de los pistones del motor; caigo porque es lo que más pasa en el mundo de las motos.

O con nacer, por usar un ejemplo más universal que el sexo (convengamos que se puede morir sin haber tenido sexo, pero no se puede morir sin nacer): subir las escaleras es un esfuerzo del mismo modo que nacer es un esfuerzo; limarse es como nacer porque la uña pierde tamaño como la madre pierde tamaño; caer es como nacer porque al nacer estamos más abajo.

Debo decir que soy un gran admirador del trabajo de Freud, pero lo admiro como literatura, considerar seriamente que el psicoanálisis puede tener un lugar entre las profesiones que se dedican a cuidar la salud mental es tan disparatado como creer que el número siete es un número divino, cuando lo evidente es que un 7 es una nariz al revés.


PS: una idea mucho más terrible se podría esconder atrás de esto: puesto que todas las cosas pueden ser cualquier otra, en verdad en el mundo existe una sola cosa.

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario