Antes de terminar La interpretación de
los sueños ya estaba convencido de que el psicoanálisis no era más
que de una suerte de ejercicio semiológico consistente en reducir
cualquier texto a ciertas palabras clave y a partir de las mismas
generar diagnósticos. Pero antes de continuar, quiero recordar una
anécdota.
Me sucedió alguna vez, al ver que un
número se repetía constantemente en mi rutina, que me sentí
perseguido por él y pronto intentaba relacionarlo con todos los
números y cantidades y siempre encontraba un modo de hacerlo. Luego
encontré ese tema en un par de películas (23, de Schumacher y π
de Aronofsky), así que supongo que el mío no fue un caso aislado,
ni tan dramático, ya que a las dos semanas decidí demostrarme a mí
mismo que cualquier cifra podía reducirse a otra y simplemente llené
un cuaderno de cincuenta hojas con cálculos que llevaban de un
número cualquiera a otro.
Por dar un ejemplo, tomemos el
0800-11-33-22, número de atención al cliente de un banco, y
llevémoslo a relacionarlo con números simples.
Sumando los grupos tenemos 8, 2, 6 y 4
y sumando de a pares quedan 10 y 10, que divididos entre sí dan 1.
Sumando cada cifra tenemos 20 y sumando de vuelta, 2. Si dividimos el
producto de los dos primeros grupos por el de los dos segundos,
tenemos 12,121212... es decir, un periodo infinito de 12 y 1 + 2 = 3,
y tenemos el 3. Para el 4, restamos del producto del primer y el
segundo grupo (26400) el del segundo y cuarto (242), tenemos 26158,
sumamos de vuelta cada cifra y listo. Si consideramos que hay 5 pares
de números, tenemos al 5 (y podemos decir también que en la cifra
total hay cinco redonditos: los que forman cada uno de los tres ceros
y los dos que están en el ocho). Si multiplicamos todos los grupos
tenemos 6388800, sumamos estos números y obtenemos 33, sumamos de
vuelta y tenemos 6. Si consideramos que hay 7 números distintos al
0, tenemos al 7. Y podemos seguir así para todos los números.
Nótese además que hasta este punto no
hicimos más que utilizar las operaciones básicas: suma, resta,
multiplicación y división. Pues bien, con el lenguaje ocurre
exactamente lo mismo: cualquier palabra puede relacionarse con
cualquier otra.
No creo necesario citar los ejemplos en
los que Freud explica que cuando subimos escaleras, nos limamos las
uñas o nos caemos en sueños, en verdad estamos pensando en sexo,
espero que baste con resumir su explicación: subir escaleras nos
agita porque tener sexo nos agita; el movimiento de la lima cuando la
usamos es como el de la masturbación; caer es caer en la tentación.
Esas mismas situaciones, sin mayor
esfuerzo, podrían relacionarse con las margaritas: sueño con
escaleras, porque subir cada escalón es como desojar cada pétalo de
una margarita; me limo las uñas, porque “lima” rima con
margarita; caigo porque las margaritas suelen estar en la tierra.
O, por ejemplo, con las motos: subo
escaleras porque el movimiento de las piernas al hacerlo es similar
al de las motos al arrancar; me limo las uñas porque el movimiento
se parece al de los pistones del motor; caigo porque es lo que más
pasa en el mundo de las motos.
O con nacer, por usar un ejemplo más
universal que el sexo (convengamos que se puede morir sin haber
tenido sexo, pero no se puede morir sin nacer): subir las escaleras
es un esfuerzo del mismo modo que nacer es un esfuerzo; limarse es
como nacer porque la uña pierde tamaño como la madre pierde tamaño;
caer es como nacer porque al nacer estamos más abajo.
Debo decir que soy un gran admirador
del trabajo de Freud, pero lo admiro como literatura, considerar
seriamente que el psicoanálisis puede tener un lugar entre las
profesiones que se dedican a cuidar la salud mental es tan
disparatado como creer que el número siete es un número divino,
cuando lo evidente es que un 7 es una nariz al revés.
PS: una idea mucho más terrible se
podría esconder atrás de esto: puesto que todas las cosas pueden
ser cualquier otra, en verdad en el mundo existe una sola cosa.
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