lunes, 5 de mayo de 2014

El tercer plano de Platón

Platón, es de común conocimiento, dividía el mundo en dos planos: el real y el de las apariencias. El real era el mundo de los conceptos puros: el Hiperuranio; el otro, el de las apariencias, es el mundo que habitamos nosotros.

En su tratado sobre el gobierno, propone que en una república ideal se debe exiliar a los poetas. Dejemos de lado las razones que arguye y concentrémonos en un detalle que menciona: el poeta es un instrumento a través del cual hablan las musas.

La pregunta es esta: ¿A qué plano pertenecen las musas? Si pertenecieran al Hiperuranio, sus palabras serían las palabras de los habitantes del mundo perfecto, entonces, ¿Por qué censurarlas? Y si, en cambio, pertenecieran al mundo nuestro de las apariencias, la poesía estaría al mismo nivel que las demás artes (recordemos que en el mundo griego, arte es cualquier producción metódica para la cual se necesita una serie de conocimientos sobre la materia a trabajar), entonces, por qué no utilizarla como se utiliza a la música, por ejemplo, para educar.

La opción más probable en principio me pareció la primera. Las musas habitan el Hiperuranio, y Platón quiere que en su república sólo los gobernantes, filósofos, conozcan los designios que de él provienen. No es distinto el actuar de las iglesias oficiales que denostan a los místicos como herejes, ya que no desean que la masa llegue a dios por un medio distinto al que ellas ofrecen.

Pero luego apareció otra posibilidad, ¿No habrá Platón intuido un tercer plano de la existencia? ¿No habrá visto que este plano era imposible de comprender y calló al respecto? O tal vez le pareció tan terrible que consideró dañino incluso referirse a él –puesto que, hasta dónde sé (que no es mucho), jamás menciona ese tercer plano– o, lo que resulta más atractivo, ese tercer plano, ¿Se corresponde con lo que Freud llamó “Ello”?


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